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| "Lamia", pintura de Herbert J. Draper |
Por Israel M. Sánchez
En la mitología griega, Lamia era la hija del rey Belus y amante secreta
de Zeus; descubierta por Hera, que mata a todos sus hijos en
represalia, Lamia se venga transformándose en un ser vampírico, una
criatura no-muerta que se alimenta de la sangre de los niños pequeños.
Para los romanos las
lamiae eran algo ligeramente diferente: seres nocturnos con forma de mujer que atraían a hombres y niños para alimentarse de su carne y de su sangre, y las
strigae, horrendas criaturas con forma de ave que bebían la sangre de los niños. No hay que confundir a estas estrigas con los
strigoi rumanos de la Edad Moderna, verdaderos cadáveres retornantes, aunque la raíz latina de ambos nombres sea la misma:
Strix,
la lechuza, un psicopompo relacionado con los seres del inframundo, los
reinos infernales, los brujos y la magia negra, representación de
poderes y esferas preternaturales.
Ovidio describe a las estrigas como
pájaros que por la noche buscan a sus víctimas infantiles:
Carpere dicuntur lactencia viscera rostris
Et plenum poto sanguine gutuur habent
Est illis strigibus nomen.
Dicen que arrancan las entrañas de los lactantes con el pico,
y que de lo bebido tienen la garganta llena de sangre.
Se les da el nombre de estrigas.
Las mitologías clásicas de la
Antigüedad están repletas de entidades espirituales y seres demoníacos
de naturaleza vampírica que de una u otra forma se terminaron mezclando
en el crisol del cristianismo (como pasó con tantas creencias paganas)
para producir al bebedor de sangre moderno. Estos seres no se pueden
considerar retornantes (aunque de forma indiscutible influyeran en la
creación del mito del vampiro europeo) debido a que su naturaleza era
espiritual, aunque pudieran encarnar un cuerpo preternatural, y nunca
habían sido seres humanos vivos sino miembros no humanos de los reinos
espirituales.
Dentro de este catálogo de bestias
vampíricas del inframundo, encontramos a Lamashtu o Gallu de la
mitología babilónica, y a seres como Empusa, hija de Écate, una
cambiante bebedora de sangre. Al igual que los griegos, antes y después de ellos, muchos pueblos temieron a los no-muertos y crearon su propia versión del mito. A continuación hacemos un recorrido por la Historia en busca de las versiones de un mito presente en civilizaciones de todo el planeta.