viernes, 8 de febrero de 2013

Lucila, la ex del Gladiator

  

 Al fin, una chica entre los personajes secundarios, después de tanto tipo raro.
Debo reconocer que no es fácil encontrar secundarias en la Antigüedad, entre tanta prima donna legendaria que abunda por esos siglos perdidos, pero alguna hay, incluso con su fama moderna.

¿Se acuerdan de la protagonista femenina de Gladiator? Seguro que sí. La bella y modélica Lucila, interpretada por Connie Nielsen, luciendo en la foto de arriba, la cual es rechazada por su antiguo novio, el sádico-vengativo-autista Máximo, y deseada incestuosamente por su acomplejado hermano Cómodo. Es un personaje que siempre me ha hecho pensar que el gladiador tenía algún problema con las mujeres guapas.
 Pero quién fue la real Lucila ya es otro cantar. Aunque es muy probable que tuviera algún lío con más de un gladiador.

 Annia Aurelia Galeria Lucila, o Lucila para la Historia, nació el 8 de marzo del año 148 o del 150 d. C., que con la fecha del nacimiento de las mujeres en toda época suele haber dudas, y fue la segunda hija del emperador filósofo Marco Aurelio; el cual escribía y reflexionaba mucho sobre el Ser y demás verbos, pero también le daba al fornicio con evidente dedicación, pues tuvo 13 hijos con su mujer Faustina. Sólo le sobrevivió un varón, Cómodo, y cuatro hijas; la mayor de ellas era Lucila.
 A los 15 años, en el año 164, la casaron con Lucio Vero, co-emperador con Marco Aurelio y dieciocho años mayor que Lucila. Este matrimonio le otorgó el título de Augusta, equivalente a emperatriz y el mayor título que podía alcanzar una mujer en el imperio. Pese a la diferencia de edad, parece que ambos se llevaron bien y hasta tuvieron tres hijos. Sólo una chica, Plautia, llegaría a la edad adulta. Otra muestra de que los romanos criaban de pena a sus hijos o que la mortalidad infantil era una plaga incluso entre las élites... o ambas cosas a la vez.

 Lucio Vero era un juerguista que se acompañaba de actores y músicos, pasaba de todo, montaba fiestas y jolgorios hasta las tantas y caminaba de incógnito por Roma. Pero era de buen corazón, nada envidioso y competente en lo que le encomendaba su hermano adoptivo y verdadero emperador, Marco Aurelio. En fin, que caía bien a la gente y a la joven Lucila. Desgraciadamente, murió en el año 169, a punto de cumplir los cuarenta, posiblemente debido a la epidemia de viruela que asolaba el imperio. Fue muy llorado.

 Una joven Augusta no podía quedar viuda mucho tiempo, sobre todo porque Dión Casio nos cuenta, con ironía, que Lucila era tan casta como su hermano Cómodo. Así que Marco Aurelio decidió casarla con Claudio Pompeyano Quintiano, dos veces cónsul y su fiel general, pero de origen sirio algo oscuro, por lo que, según nos vuelve a decir Dión Casio, a Lucila y su madre Faustina les pareció de bajo rango y poco glamuroso. Yo añadiría que además les pareció menos divertido que Lucio Vero.

 Pero papá emperador manda y la prole obedece. Lucila se casó con Claudio Pompeyano y en el año 170 tuvieron un hijo llamado como el padre. Pronto se rumoreó que Marco Aurelio quería que le sucediera su yerno Pompeyano, pero este negó cualquier ambición imperial, para mayor enfado de Lucila, que ya se veía de futura emperatriz. Su desprecio y enfado con su marido fue ya definitivo.
Cuando murió su padre y ascendió al trono en el 180 su hermano menor Cómodo, único varón que quedaba en la familia, el cotilla Herodiano nos cuenta que Lucila se vio marginada de sentarse en primera línea del palco imperial y de otros honores por la esposa de Cómodo, su cuñada Brutia Crispina, nueva Augusta oficial. Este rencor lo considera origen de su conspiración contra Cómodo. Para Dión Casio el motivo es más político y menos pasional: la inestabilidad mental de su hermano, evidente para sus allegados.
  Yo creo que fue una mezcla de ambos. Me imagino que Lucila se veía como verdadera heredera del imperio por encima del atolondrado de su hermano, que solo era emperador por haber nacido con pene. Pero bueno, bien sabemos que la gente no busca razones para lo que quiere hacer, busca excusas.

 Decidida a conspirar contra Cómodo, Lucila no confió en su poco ambicioso y odiado marido, sino que convenció a Paternus, prefecto del pretorio, a su hermana Cornificia Faustina, a su hija Plautia, a su primo y antiguo amante Cuadrato, y a su amante de turno (y también amante de su hija) el joven Pompeyano, que era sobrino de su marido y primo de su hija. En fin, un culebrón de cuidado.
 A este joven Pompeyano, amante de madre e hija, con fama de audaz, se le encargó matar a Cómodo de una cuchillada cuando entrase en el Coliseo. Como conocido que era del emperador, bastaría con acercarse entre la escolta, saludar y toma punzada, comodete, estocada mortal.

Desgraciadamente, el joven Pompeyano no tenía nada que ver con el Máximo de Gladiator. En su descripción hay una clara unanimidad en todas las fuentes: Era un completo idiota.

 Lo demostró de maravilla cuando se acercó a Cómodo y, todavía a cierta distancia, en medio de una cortina de pretorianos ironmen, sacó el puñal y se puso a gesticular y gritar “¡Esto es lo que te envía el Senado!”.
  Al pobre tiranicida lo sujetaron y retorcieron antes de volver a tomar aire. Luego sesión de tortura y a confesar hasta secarse la lengua.

 Cuadrato y el joven Pompeyano fueron ejecutados de inmediato. La participación del prefecto Paterno no fue descubierta y se salvó por ahora, aunque años más tarde le tocará turno; al marido de Lucila, ajeno al complot, no se le condenó tampoco, pues Cómodo conocía lo mal que se llevaba con su mujer y su poca ambición. Pero a Lucila, a su otra hermana Cornificia Faustina y a su sobrina Plautia les tenía reservado un tratamiento especial.

 Fueron exiliadas a Capri, una bella isla del golfo napolitano que hacía las funciones de antesala de la muerte para prisioneros ilustres. Al poco tiempo, entre sus altos acantilados bañados por el sol mediterráneo, su imperial pariente ordenó que fueran ejecutadas las tres.
 Todavía le quedaban al emperador diez años de locuras y ejecuciones antes de que un liberto lo estrangule en el baño con una toalla, por instigación de otra mujer.

Como ven, cualquier parecido con los personajes y el guión de Gladiator es pura casualidad.
Por cierto, el viudo de Lucila, el vejete Claudio Pompeyano, los sobrevivió a todos. Si es que no hay nada como pasar por la vida sin querer demasiado.

6 comentarios:

  1. Jejejeje, buen relato. Felicidades

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  3. podria ser mas corto , ya que es un resumen de sus caracterisicas principales

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  4. Que entretenido el relato, pero, en que te basas para afirmar que los hechos ocurrieron de esa forma? disculpa pero te aseguro que tu relato carece de veracidad. Saludos!

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    1. Pues habla con Herodiano y Dión Casio, que son las fuentes principales. En especial, el primero, que conoció de cerca a los personajes.
      Solo escribo lo que ellos que cuentan.

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  5. Que va tío, prefiero al Cómodo con pene de la película y a la Lucila que pone cachondón al llorapenas de Máximo. En el morreo que le metió en la peli en la mazmorra se ve que incluso el SuperCastus le tenía ganas a la zorrita Lucila. Joder mi abuela muerta se llamaba así. Hay que joderse.

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