miércoles, 2 de septiembre de 2015

La globalización, una herencia de la Antigüedad


Noel Yuval Harari
El homo sapiens puebla la Tierra desde hace 150.000 años. En este tiempo, la especie a la que pertenecemos se ha dotado de unas capacidades de creación y destrucción tales que estamos en un momento crítico de la Historia. La cercanía del punto de inflexión sirve de base al israelí Noel Yuval Harari para indagar en su libro “De animales a hombres” –el último fenómeno editorial de la divulgación- sobre las causas que nos han traído hasta aquí, empezando por la Prehistoria y la Antigüedad.

Lo que los libros de historia conocen como Antigüedad es, en la obra del joven profesor judío, un amplio periodo que comienza poco después de la revolución agrícola, cuya esencia es “la capacidad de mantener más gente viva en peores condiciones” que las de los cazadores-recolectores.

El aumento de la población y la violencia por hacerse/mantener los excedentes agrarios propiciaron la formación de estructuras sociales de mayor envergadura y complejidad. Estas estructuras sociales requerían de la cooperación de gran número de personas, que debáin acatar y compartir mitos, leyes, normas… La suma de todas estas ficciones que se crean para facilitar la cooperación entre extraños es lo que Harari denomina cultura.

La formación de grupos cada vez más grandes y complejos será un factor clave para entender el proceso unificador por el que las culturas pequeñas y sencillas se han ido agrupando en civilizaciones más grandes y complejas. Aunque ha habido retrocesos, la tendencia inexorable -según el historiador judío- es a la unidad.

La base de esta unidad arraigó en el primer milenio a. C., cuando surgieron tres elementos que crearon un orden universal:

  • Dinero: el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado. Dos personas cualquiera pueden colaborar cuando el dinero es el intermediario, porque ambas confían en su convertibilidad universal.
  • Imperios: la forma más común de organización de los últimos 2.500 años se caracteriza por su apetito ilimitado para extender su dominio sobre pueblos distintos y fusionarlos en una nueva cultura surgida de tal diversidad. Requieren de grandes sangrías y matanzas para surgir, pero una fracción importante de los logros culturales proceden de la explotación de las poblaciones conquistadas. Harari afirma que “si decidiéramos repudiar por completo el legado de un imperio brutal con la esperanza de reconstruir y salvaguardar las culturas ‘auténticas’ que lo precedieron con toda probabilidad lo que defenderíamos no sería otra cosa que la herencia de un imperio más antiguo y no menos brutal”.
  • Religión, para conferir legitimidad sobrehumana a las frágiles estructuras que ha ideado el hombre a lo largo de la Historia. Dichas estructuras buscan perpetuar un determinado orden de cosas mediante reglas de carácter divino que pretenden ser válidas siempre y en todas partes.

La tendencia a la unificación cultural, que empezó en la Antigüedad más remota, continuó en la Edad Media. Durante la Edad Moderna se vio reforzada con la revolución científica, que desembocó en el mundo global de hoy, según se afirma en "De animales a hombres".

La transición a una única sociedad global ha sido probablemente el resultado inevitable de la dinámica de la historia, pero decir inevitable no es lo mismo que decir que el resultado tenía que ser el que tenemos. Pese a los esfuerzos de todas las culturas por presentarse como fruto lógico de las leyes naturales, la Historia nos enseña que “nuestra situación actual no es natural ni inevitable y que, en consecuencia, tenemos ante nosotros muchas más posibilidades de las que imaginamos”, afirma el autor israelí.

No podemos explicar las opciones de la Historia, pero Harari está convencido de que que estas no se hacen para el beneficio de los humanos. No hay prueba en absoluto de que el bienestar humano mejore de manera inevitable a medida que la historia se desarrolla. No hay prueba de que las culturas que son beneficiosas para los humanos tengan que triunfar y expandirse de manera inexorable. Las culturas vencedoras, desde luego, creen siempre que su definición del bien y del bienestar es la correcta. “No obstante, ¿por qué habríamos de creer a los vencedores?”, remacha.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Muy interesante.
    ¿Y cómo son él-los imperios ahora?

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  3. La esencia de los imperios básicamente han sido básicamente la misma a lo largo de la Historia. La peculiaridad actual es la homogeneidad cultural a escala mundial. Hoy en día casi todos los humanos comparten el mismo sistema geopolítico (a través de un conjunto de Estados reconocidos internacionalmente); el mismo sistema económico (capitalismo); el mismo sistema legal (ley internacional y derechos humanos, al menos en teoría); y el mismo sistema científico. La cultura no es homogénea, pero todos estamos estrechamente interconectados y nos influimos mutuamente de múltiples maneras. Incluso cuando los Estados discuten lo hacen empleando los mismos conceptos y armas.

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