miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las vías y las legiones romanas

Miliarios de la Via Nova Traiana
El dicho de que “todos los caminos llevan a Roma” tiene un trasfondo histórico. No en vano, Augusto hizo colocar un pilar de oro en el centro del Foro de Roma, que simbolizaba el punto de partida de todas las calzadas. En el número 10 de Stilus, Ángel J. Pérez Izquierdo, doctorando del departamento de Historia Antigua de la UNED y especializado en temas militares del ejército romano, aborda la historia de la Via Nova Traiana, una de las arterias que hizo posible la campaña del emperador contra los partos. Con motivo de este tema, adelantamos unas líneas sobre la importancia de las vías para el ejército.


Toda vía romana contaba a cada milla (aproximadamente unos 1,5 kilómetros), con hitos o miliarios que marcaban la distancia desde ese punto a Roma y, en las provincias, la distancia a la capital provincial. Estos hitos servían también orientación para situar al viajero en la región que recorría.

Una vez construida una calzada principal se trazaban a partir de ella numerosas carreteras locales o pistas, incrementando el control romano del territorio. La mayoría de las calzadas públicas romanas comenzaron como caminos militares y, sólo con el paso del tiempo, pasaron a tener un carácter civil y una importancia comercial.

Dado que las principales calzadas se construían para cubrir necesidades militares y de administración, las rutas normalmente enlazan centros administrativos y campamentos del ejército. El principal objetivo de una calzada era proporcionar un pavimento firme que permitiera el paso de soldados y funcionarios bajo cualquier condición climatológica. Por tanto se podían trazar por zonas con pendientes pronunciadas, más de lo que sería aconsejable para el tráfico de carruajes.

No había un diseño estándar respecto de los materiales empleados en su construcción, anchura y otros factores, pero las calzadas más importantes solían tener unos cinco metros de anchura (lo suficiente para permitir el paso simultáneo de dos vehículos que circularan en sentidos contrarios), se construían con material duradero, como la piedra, y eran periódicamente reparadas y mantenidas en perfecto estado.

Debido a la importancia estratégica que las calzadas tenían para el ejército parece lógico pensar que eran construidas por legionarios. Monumentos como la columna de Trajano en Roma y los escritos de diferentes historiadores romanos apuntan en esa dirección. De hecho las fuentes indican que cada legión tenía su propio ingeniero para construir caminos, puentes y edificios, y también un topógrafo.

La mayor parte de la mano de obra utilizada en la construcción de las calzadas parece haber sido legionaria, ya que los soldados tenían el equipo apropiado (palas, hachas, picos, cestos) y la experiencia suficiente para realizarla. Hay que tener en cuenta que una legión en marcha estaba acostumbrada a construir a diario un campamento donde pasar la noche con cierta seguridad. En tiempos de paz, la construcción y reparación de calzadas podía ser utilizada para combatir la inactividad de las unidades militares destacadas en la región.

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