lunes, 16 de noviembre de 2015

Astronomía fosilizada

Vista de uno de los engranajes de la máquina de Anticitera.
Por Javier Rodríguez
 
Hace más de dos mil años, probablemente una tormenta hizo naufragar un barco en las cercanías de Anticitera, una isla a medio camino entre Creta y el Peloponeso. Entre la carga de la bodega había un valioso ingenio que fue arrastrado al fondo del mar. A principios del siglo XX unos buceadores sacaron a la superficie un bloque de piezas de bronce solidificadas y fundidas entre sí por la corrosión del agua del mar. Este hallazgo con apariencia de fósil era lo que quedaba de los minuciosos engranajes que, milenios antes, los astrólogos habían utilizado para realizar sus labores y para predecir los movimientos astrales. Recientes estudios con técnicas muy avanzadas creen haber desentrañado el funcionamiento del invento que, pese al asombro que despertaba tanto antiguamente y como hoy en día, no era totalmente novedoso para la Humanidad.

El mecanismo de Anticitera es una máquina extraordinaria por su complejidad y en realidad se considera un compendium, es decir, un aparato multiusos con varias funciones complementarias. Por algunas piezas sueltas, se cree que en la hoy desaparecida parte posterior una especie de esfera de reloj mostraría el calendario solar y los movimientos del sol y de la luna sobre el zodiaco.

Es plausible que otra de las partes perdidas mostrase los movimientos de avance y retroceso de los planetas respecto al sol. Las piezas de esta parte del ingenio también desaparecieron, pero los fragmentos escritos en la caja de madera que guardaba el mecanismo quedaron estampados en el coral que la cubrió.

Un reciente documental ha registrado el minucioso trabajo de estudio al que han sido sometidos todos los restos encontrados en el pecio. La aplicación de las más modernas técnicas ha permitido hacerse una idea de la apariencia y función del mecanismo de Anticitera.


Así, se piensa que el ingenio estaba compuesto de tres máquinas más simples que aprovechan ciertos engranajes comunes para constituir un solo mecanismo múltiple. En este sentido podemos considerarla como una máquina de segunda o tercera generación (lo que implica que debieron existir máquinas similares más antiguas) y que estamos ante el ejemplo de la mejor tecnología de aquel momento.

Lamentablemente, tanto los desarrollos previos al mecanismo de Anticitera como los posteriores se han perdido. Sin embargo, tenemos noticias escritas de al menos tres máquinas distintas descritas por Cicerón, al cual podemos dar total credibilidad al respecto. Dos de ellas fueron construidas por Arquímedes y llevadas a Roma. De éstas una estaba expuesta al público en el templo de la Virtud, en el Quirinal, como trofeo de guerra, y la describe como un globo de bronce móvil con las estrellas y constelaciones marcadas.

La segunda máquina era propiedad de la familia de Claudio Marcelo (el conquistador de Siracusa) y Cicerón cuenta que en una cena en casa del nieto de Marcelo, su amigo Sulpicio Galba dio una charla a los invitados sobre astronomía y los eclipses. Al manejar la máquina mostró como se movían el sol y la luna y reprodujo un eclipse tal como lo había explicado antes.

Por último, Cicerón también describe, aunque vagamente, una máquina astronómica que vio en casa de su amigo y maestro Posidonio, cuando pasó un año recibiendo clases en la ciudad de Apolonia. Esta máquina de Posidonio, aunque debe de ser unos años posterior a la de Anticitera, tiene muchas similitudes con ella. Desgraciadamente, las descripciones son bastante imprecisas y no podemos discernir la naturaleza exacta de estas máquinas. Aunque no podemos aventurar, por las palabras de Cicerón, cómo sería el aspecto exterior y el funcionamiento interno de estos ingenios, el estudio de la de Anticitera ha obligado a revisar algunas teorías sobre el avance científico y técnico que se suponía inexistente en el Mundo Clásico. El choque que supuso el análisis del ingenio será el tema de la próxima entrega sobre este hallazgo submarino.

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