viernes, 8 de mayo de 2015

Gladiadores: muerte o fama

Los combates gladiatorios fueron el mayor espectáculo de Roma. Cada jornada de actividad en la arena levantaba pasiones y dejaba sin audiencia cualquier otra manifestación deportiva o artística que hubiese tenido la osadía de celebrarse el mismo día. El público de entonces era muy sensible a las demostraciones agonísticas que implicaban la victoria o la muerte como derrota total. Con todo, esta segunda entrega de la entrevista a Alfonso Mañas revela que las posibilidades de morir en el anfiteatro no eran las mismas para todos.



P: En los últimos años se han publicado diversas investigaciones sobre los gladiadores, su vida y su oficio. Afirman que no combatían demasiadas veces al año.
R: Sabemos de gladiadores que llegaron a disputar más de 100 combates. Para lograr ese número en una carrera gladiatoria media tenemos que contemplar por lo menos dos combates al mes.

P: También se asegura que la tasa de mortalidad no era tan alta como se podría pensar. ¿Cómo se puede saber esta tasa de mortandad en la arena?
R: La base de los estudios sobre este aspecto es el corpus de inscripciones funerarias de los gladiadores. Otra fuente muy importante son las inscripciones en las que se consignan los resultados de un munus, como la hallada en Pompeya. Ville estudió todas estas fuentes para sacar los porcentajes que yo manejo en el libro "Gladiadores, el gran espectáculo de Roma".

Lápida del gladiador Διόδωρος (Diodoros).
Desde el punto de vista de la sociología y estadística actuales este método es poco representativo, porque sólo podía permitirse una lápida con epitafio el gladiador que había conseguido cierta fortuna con sus victorias. Eso deja fuera a los que, por mala suerte o poca destreza, caían pronto, o a quienes simplemente nunca salieron de pobres (la mayoría). Probablemente solo un 10% de todos los combatientes podría permitirse una lápida, y de esas pocas lápidas que se hicieron es casi seguro que solo han sobrevivido hasta hoy el 10% o menos. Lo mismo sucede con las inscripciones que indican los resultados de los juegos gladiatorios.

Admitiendo la limitación de la escasez de la muestra, hay que reconocer que la información que dan esas pocas lápidas e inscripciones es irrefutable y debe tenerse en cuenta, sobre todo porque no disponemos de otras informaciones que las contradigan. 

P: ¿Qué tasa de muerte había para una profesión como la de gladiador?
R: No podemos tomar un porcentaje fijo para todos los gladiadores y para toda la historia de Roma. En la entrevista anterior, veíamos que la mortalidad varió según la época. Si en el siglo I podía morir un gladiador de cada 10 combates, a partir del siglo II parece que la tasa de muerte para los derrotados era del 50%. Pero es que, además de estas variaciones, había diferencias según la veteranía. Había más posibilidades de salir vivo cuanto más famoso fueras, ya que tendrías una afición numerosa que clamaría por tu salvación en los “días malos”. Además, una anécdota referida a César nos permite ver que se tendía a salvar a los más veteranos, porque su muerte costaba al editor de los juegos mucho más cara que la de los gladiadores no famosos, lógicamente.

Sabemos de gladiadores de edad considerable, como uno de 48 años. Y no hay que olvidar que los 48 años de aquella época no son los 48 de ahora. Es dudoso que hombres de esas edades pudiesen ofrecer combates de calidad, pero sin embargo los aficionados les salvaban la vida. En el caso del gladiador de 48 años sabemos por su epitafio que fue indultado en su último combate. Se le reconocería su trayectoria y se le salvaría como un homenaje. La sola aparición en la arena de uno de esos gladiadores consagrados, auténticos mitos vivientes, provocaría en el público un delirio colectivo como el que crea hoy Hulk Hogan cuando aparece en los rings de la WWE.

P: Hablando de popularidad, usted sostiene que la afición a los combates de gladiadores fue superior que la de las carreras de carros. Habitualmente se suele pensar lo contrario.
R: Las carreras eran el deporte más genuino de los romanos y aparecen incluso en los mitos fundacionales de la ciudad, pues Rómulo invitó a los sabinos a presenciar las carreras en el valle Murcia, que después acabaría siendo el Circo Máximo, para entretenerles y arrebatarles a sus mujeres.

Algunos han sugerido que las carreras del circo eran más populares que los combates de gladiadores porque al cabo del año era superior el número de días dedicado a las carreras que a los combates de gladiadores. Esto se debía a que las carreras del circo eran, con diferencia, más baratas que los combates de gladiadores y por tanto se ofrecían más a menudo. Pero la frecuencia no refleja el gusto real de los romanos, pues entonces habría que concluir que las aun más numerosas representaciones teatrales eran preferidas a las carreras. Esto evidentemente no era así.

La confirmación de que el teatro no era el espectáculo preferido de los romanos es que las fuentes señalan que cuando en mitad de una representación de teatro corría la voz de que en otra parte de la ciudad comenzaba un combate de gladiadores el público salía pitando.

Plinio el Joven y otros autores dicen expresamente que los gladiadores eran preferidos a las carreras. Esta predilección queda patente en una ocasión en la que ocurrieron varios prodigios (cometas, nacimiento de niños deformes, etc.) y el pueblo de Roma se asustó. Anularon las carreras del circo que correspondía dar en esa fecha y a cambio dieron combates de gladiadores, en un intento claro por ofrecer así a los dioses el mejor espectáculo que tenían, para contentarles y apaciguar su ira.

Pero la prueba más clara e irrefutable de que los gladiadores eran el espectáculo preferido por las gentes de entonces es que mientras que construyeron 400 anfiteatros en todo el imperio, circos tan solo levantaron unos 90. La gente no demandaba circos, sino anfiteatros.


P: ¿Qué pasó con los deportes griegos?
R: El deporte griego (atletismo, lucha, etc.) no llegó a tener mucho calado en Roma. Hubo emperadores filohelenos que intentaron popularizarlo, pero con poco éxito. Nerón creó los neronia, una competición que fue suprimida a su muerte. Domiciano construyó un estadio, con una capacidad de unas de 20.000 personas, lo que hoy es la Plaza Navona de Roma. En él tenían lugar unos juegos que se celebraron hasta el siglo IV.

Pese a estos esfuerzos, el seguimiento de estas pruebas siempre tuvo un carácter muy minoritario en comparación con los combates gladiatorios. Siempre fue una actividad propia de snobs ricos y prohelenos. Los elementos más conservadores y el pueblo llano nunca vieron con buenos ojos la desnudez exigida para practicarlo. Los primeros autores romanos que escriben sobre deporte griego -Cicerón, Plinio el Viejo, Tácito- señalan su inutilidad como preparación para la guerra, que fomentaba la homosexualidad masculina y amenazaba con corromper a la juventud romana.

El pueblo llano tampoco entendía el deporte griego, principalmente porque tenía unas reglas que eran algo más complejas y sofisticadas que los deportes romanos. Todo el mundo podía seguir y entender un combate de gladiadores o una carrera de cuadrigas, pues era sencillo ver quién ganaba, pero no ocurría así con pruebas del deporte griego tales como el pentatlón o la lucha.

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¿Te ha gustado la entrevista? Pues no te pierdas la última entrega de esta serie: ¡Ese gladiador está gordo!

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