miércoles, 26 de noviembre de 2014

Hércules en Cimmeria

Por David P. Sandoval

En el año 2014 aún se hacen películas ‘de romanos’. Lo que viene siendo el género peplum, así denominado por la característica principal del tipo de ropa que visten sus protagonistas; túnicas tan cortas que parecen minifaldas de una Mary Quant del siglo I a. C., aunque en realidad se refiera a las túnicas sencillas abrochadas por el hombro. ‘Peplum’ fue acuñado por Jacques Siclier, crítico francés que se lo sacó de la manga -que sí tenía en su camiseta- para hablar de los derroteros por los que transitaban Hércules, Maciste y otros forzudos. En la nueva sección Peplum Pérez no voy a ser menos que esos críticos del Cahiers du Cinéma y me voy a dedicar a analizar algunas de las películas, series y documentales que se han hecho en el siglo XX y el XXI. Siempre teniendo en cuenta los rasgos que define este cine: ropajes ligeros o espectaculares, pero nada históricos; escenarios monumentales recreados o desviados de lo real; excesos morales o inmorales; intrigas increíbles-pero-ciertas o más falsas que ciertas promesas electorales; y por supuesto, los amores épicos, los combates épicos, las luchas épicas y todo lo que hacen los héroes con grandes masas a su alrededor. Y… ¿qué mejor manera que comenzar con “Hércules, the Thracian Wars” de Brett Ratner?

Ratner tiene en su haber películas como “X-Men la decisión final” o la trilogía de “Hora punta”. Esto es, acción, pero también comedia, como en “Movie 43” o “Un golpe de altura”. Acción y comedia, y eso es precisamente lo que destila su “Hércules”, adaptación de la novela gráfica de Steve Moore y Admira Wijaya. Y de esa adaptación proviene el tono humorístico, alejado del mito, correoso y realista de la película. Porque nos adentramos en una Grecia recreada en tono casi fantástico, pero tipo “Conan” más que “300”. Una Grecia donde se habla de las hazañas de Hércules más como propaganda para su “trabajo” que como realidades. Una Grecia que se aleja cuando deciden Hércules y sus compañeros ir al servicio de un rey de apariencia benigna y necesitado de héroes. El desarrollo de la trama puede no ser muy original, pero resulta eficiente. Funciona. Ahora, olvídense de los mitos y entierren a Robert Graves o cualquier otro intérprete de los Dioses Olímpicos. Aquí reina otro Robert, el que creó a Conan.

Destacan el armamento y vestimentas a los que ya nos tienen acostumbrado este cine. Cuero, mucho cuero en todas partes (corazas, vestimentas…); pieles, muchas pieles; muñequeras, muchas muñequeras; pelos largos y sucios; telas ricas para los nobles y bastas y rotas para los campesinos y vulgo. Todo está normalizado al estilo visual de siempre para no perderse. Reconocemos al bueno y al malo nada más verle. Pero dentro de la monotonía, destaca la profusa utilización de todo tipo de armamento; mezcla de falx dacias y khopes egipcias, dorys de gran tamaño y hojas de toda época, escudos que parecen aspis y algunos otros que son de inspiración micénica, como cascos y escudos que mezclan esa tradición con la de los tracios, y extraños remedos de linothorax… Una verdadera ensalada de elementos digna de estudio. Pero, ¡eh!, estamos en un mundo mítico donde Cimmeria no anda lejos.


Hércules como as de bastos

Eso sí, la película tiene momentos dignos de ser recordados. El uso de la clava o mazo pinchudo que lleva Hércules, verdadero as de bastos matazombies, es adecuado, al igual que su piel del León de Nemea, portada con verdadero orgullo. Aparte de eso, Hércules homenajea aquí a los forzudos clásicos del cine y la literatura bíblica, con una secuencia final totalmente inspirada en Sansón… y el Vesubio. También, aunque sea muy extraño, existe incluso un homenaje al cuadro de infantería británica del siglo XIX, que no desentonaría en cualquier película enmarcada en el Sudán del Mahdi…

Todos sabemos que es difícil encontrar inspiraciones de la Antigüedad en este tipo de películas, pero, como en algunas otras historias similares, las hay. Y no pocas. Eso sí, desmitificando la leyenda y utilizando el viaje del héroe que tan bien describe Christopher Vogler en su ensayo “El viaje del escritor”. “Salva a este pueblo. Salva a tu familia. Y restaura el orden en el mundo”, creo que dice el trailer. Más claro…

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