jueves, 13 de febrero de 2014

No esperes más, bájate el número 11 de Stilus

El año 2014 se conmemoran los dos mil años del fallecimiento de Augusto. El que fuera receptor del legado de Julio César, mostró una talla política excepcional con decisiones como el sometimiento de los cántabros. Al eliminar este foco de resistencia, que tantos quebrantos deparaba a las provincias hispanas, no solo se presentaba ante sus conciudadanos como un general victorioso contra los enemigos externos de Roma, sino que aseguraba el control de zonas ricas en oro.


El último número de Stilus se aproxima a la conquista de los cántabros y sus vecinos, los astures. Más allá de las largas y penosas campañas (29-19 a. C.), muchos de cuyos episodios siguen estando poco claros, enfocamos nuestra mirada sobre ambos contendientes. Por el lado romano, las legiones trajeron a la Península artillería para el asedio de las principales plazas enemigas. Rubén Sáez Abad repasa las capacidades tácticas del uso de los ingenios ofensivos. Por su parte, Pau Valdés indaga sobre la logística de los grandes ejércitos de la época. Desde la vertiente indígena, Javier Ramos explica las maniobras más efectivas de los pueblos del norte de Hispania.

La conquista de la zona, tras una década de sangrientos combates, supuso un cambio sustancial para los pueblos doblegados, que quedaron encuadrados en la estructura administrativa imperial. Narciso Santos Yanguas perfila los cambios socio-económicos que esto conllevó, mientras que Marcos Uyá nos detalla cómo influyó la llegada de los nuevos dominadores al ámbito de la religión y las creencias. En el plano demográfico, la sangría indígena vino acompañada del asentamiento de importantes contingentes de legionarios veteranos que impulsaron la romanización de Hispania. Así sucedió con la Lusitania, donde se fundó Mérida (Emerita Augusta). Para la Layetania, Miquel Santiago escribe cómo nace y prospera Barcelona (Barcino).

El episodio cántabro pudo tener un final muy diferente si los temores de Augusto, que estaba agobiado por los reveses y sentía próximo su final, se hubiesen cumplido. La suerte se le mostraba esquiva y todo empeoró cuando unos súbitos dolores abaten al Emperador. Sus médicos no sabían qué hacer para salvarle la vida; en Roma, se extendió la noticia de su muerte… El episodio es recreado por Salvador Pacheco.

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