martes, 27 de mayo de 2014

Fernando Lillo: "Las películas históricas recientes son peores instrumentos pedagógicos por su simpleza"


"Si consigues montar ese caballo, te lo regalo", le espeta el rey de Macedonia a su joven hijo. La oferta, displicente, no esconde la escasa confianza que el infante le merece a su progenitor. La escena de la doma de Bucéfalo, de Alejandro Magno (2004), ha servido en algunos centros educativos para mostrar las tormentosas relaciones dentro de la familia real macedónica y, además, para comprobar cómo aparece este episodio reflejado en el texto de Plutarco.

Fotograma de Alejandro Magno, de Oliver Stone.

Hoy en día, el material cinematográfico cada vez está más presente en las clases para hacer accesibles conceptos de la Cultura Clásica, la Historia y la Literatura. Pese a los recelos que despiertan las (a veces enormes) licencias artísticas, muchos profesores están demostrando que las películas pueden ser un canal atractivo para llamar la atención de los jóvenes. Evidentemente, no todas las películas tienen el mismo valor...

Uno de los impulsores de este método educativo en la Enseñanza Media es Fernando Lillo, profesor de latín en el Instituto San Tomé de Freixeiro (Vigo). Movido por un deseo de conjugar sus dos aficiones favoritas, el cine y la enseñanza del Mundo Clásico, empezó a introducir en sus clases fragmentos de películas acompañadas por explicaciones y guías hechas al efecto por él mismo. Pronto se convenció de las ventajas de los audiovisuales. "Constituyen un elemento motivador, no solo por el entretenimiento que suponen, sino también por la actitud crítica que genera su visionado. La comparación de la cinta con fuentes históricas o literarias enriquece la capacidad crítica y enseña que no todo lo audiovisual es perfecto y una fuente totalmente fiable", explica.




P: ¿Qué película o películas le han resultado más útiles, pedagógicamente hablando, para enseñar Historia Antigua o la vida en Grecia y Roma?
R: Afortunadamente hay bastantes películas y series de televisión útiles pedagógicamente, bien en su totalidad, bien a través de la selección de determinadas escenas. Del mundo griego son útiles pedagógicamente Troya (2004), El león de Esparta (1961), una versión de la batalla de las Termópilas lejos del cómic 300, y Alejandro Magno (2004), incomprendida por muchos, pero una de las mejores películas que se han realizado sobre el mundo griego. Las adaptaciones de tragedias griegas (Electra o Las troyanas de Cacoyannis) resultan aprovechables. La teleserie La Odisea (1997) es de visión obligada y gusta mucho a los estudiantes. En el mundo romano no pueden faltar Espartaco (S. Kubrick, 1960), Gladiator (2000) o La legión del águila (2011); y entre las series mis preferidas para el uso en el aula son Masada (1981) con soberbias interpretaciones y espectaculares escenarios reales y Anno Domini (1985), que recoge la historia pararela del nacimiento del cristianismo y los emperadores julioclaudios siguiendo muy de cerca de las fuentes históricas y literarias (es mejor ver la serie completa y no la reducida editada recientemente en DVD en castellano).


Fernando Lillo.
P: Los estrenos de la última década, ¿son mejores o peores instrumentos educativos que las películas más antiguas?
R: Los estrenos recientes, que apuestan por la espectacularidad (a veces más pretendida que real), no están apostando también por una calidad interpretativa o por una fidelidad histórica. En este sentido me parecen peores instrumentos pedagógicos por ser mucho más simples. No obstante, la mayoría del público joven ha visto 300, verá también su segunda parte y también acudirá a ver Pompeya, aunque no está teniendo el éxito esperado. Habrá, pues, que aprovechar esto para llevarles más cerca del Mundo Clásico a través de textos de la literatura griega y romana o de otras producciones que tratan los mismos temas de modo más respetuoso como el estupendo docudrama Pompeya, el último día (BBC), o la ya antigua serie, pero más fiel a la historia, Los últimos días de Pompeya (1984).

P: A menudo se dice que los jóvenes están inmersos en una cultura audiovisual que puede dificultar la comprensión de fuentes escritas. ¿Usar películas en el aula puede menoscabar el desempeño de los alumnos?
R: Lo audiovisual no está reñido con el manejo de las fuentes escritas, sino que deben combinarse e interrelacionarse. Ciertamente que un uso desmedido de lo audiovisual puede menoscabar la comprensión de las fuentes escritas. Hay que colocar esta herramienta en su justo lugar como un complemento más, sin magnificarla ni tampoco despreciarla.


Fernando Lillo posee una larga trayectoria de investigación y divulgación, gran parte de ella dedicada al uso didáctico del cine ambientado en la Antigüedad. Tantos esfuerzos dedicados a este ámbito han hecho de él un avezado crítico de dicho género cinematográfico, renacido de sus cenizas con el éxito de Gladiator (2000). La cinta de Ridley Scott abrió camino para una larga estela de peplums, de calidad desigual, que llega hasta nuestros días. "El éxito de Gladiator supuso un renacimiento del género que no estaba previsto. Se produjeron películas de gran presupuesto como Troya o Alejandro Magno, pero la tendencia que se impuso fue la estética que apareció en 300 (2006), adaptación del cómic de Frank Miller. El éxito de esta cinta no solo supuso su reciente segunda parte, sino que el uso de la pantalla verde y la violencia exacerbada se copió en la serie Espartaco: sangre y arena y en las recientes Hércules: el nacimiento de una leyenda y Pompeya. Me temo que no vamos a ver de momento una película de romanos con la seriedad de Espartaco o al menos con la excelente producción y actuación de Gladiator, que aunque tergiversa la historia, al menos lo hace con calidad y profundidad en los personajes principales. Ojalá me equivoque", dice Lillo, quien opina que "los estrenos recientes, que apuestan por la espectacularidad (a veces más pretendida que real), no están apostando también por una calidad interpretativa o por una fidelidad histórica. En este sentido me parecen peores instrumentos pedagógicos por ser mucho más simples", afirma el profesor.

A pesar de la visión pesimista hacia el futuro del 'cine de romanos', Lillo prefiere ver el vaso medio lleno. Para él, todas las producciones son bienvenidas: "seguirán siendo útiles desde el momento en que nuestro alumnado y el público en general las ve y pueden suscitar en ellos curiosidad por conocer más sobre el tema que tratan. Recordemos que con Troya (2004) se incrementaron significativamente las ventas de La Ilíada. Al amparo de 300 y su secuela se encuentran en las librerías monografías de calidad e intención divulgativa sobre Las Termópilas y Maratón. Supongo que con Pompeya (2014) algunos desearán conocer algo más sobre la ciudad bajo el volcán y quizá lleguen a descrubir los apasionantes grafitos pompeyanos, donde palparán la vida real de sus habitantes", comenta Lillo.


P: Muchas veces se critica con ferocidad el poco rigor histórico de las películas. ¿Cree que se podría hacer una película histórica entretenida y rentable con la que los espectadores aprendiesen más sobre la Cultura Clásica?
P: A pesar de que en mis publicaciones siempre he intentado separar la 'realidad histórica' de la ficción que se realiza sobre ella, hay que tener en cuenta que los productores, guionistas y directores buscan la rentabilidad de su producto y, sobre todo, se basan en otras producciones cinematográficas que ya hayan tenido éxito. El cine de romanos está muy codificado y tiene que dar espectáculo: luchas de gladiadores, carreras de carros, erupciones volcánicas, hazañas asombrosas, historia de amor… Sin ellas no hay película 'de romanos'. No es fácil conjugar la fidelidad histórica con los condicionamientos del género, pero sí puede intentarse mostrar un producto entretenido y que a la vez nos ofrezca un fresco de la Antigüedad, si no exacto, lo cual sería imposible, sí al menos plausible. Por ejemplo, la película Troya, a mi juicio, posee buenos actores (convincentes Brad Pitt y Eric Bana, soberbio Peter O’Toole como Príamo) y un presupuesto generoso que le permite una puesta en escena espectacular, pero falla estrepitosamente en el guión. Es imposible reflejar todos los hechos en torno a Troya en una película, pero no me parece que quitar de en medio a Menelao sea una buena idea. Claro que los supuestos gustos del público mandan y se supone que el final feliz, con los amantes Paris y Helena huyendo a salvo, es más rentable que la tragedia de que Menelao se lleve a su esposa de vuelta a casa, cosa que sí sucede en cambio en la versión Helena de Troya de R. Wise (1955).

Duelo de miradas de Aquiles y Héctor, en la película Troya.

Sí creo que es posible realizar una buena película o serie sobre Grecia o Roma y mantener un equilibrio entre el entretenimiento y una cierta fidelidad histórica. Cito un ejemplo reciente: La legión del águila (2011) de Kevin MacDonald, una de las pocas producciones actuales que en su sencillez respeta el mundo romano.

P: Desde las películas de cine mudo a la actualidad, la imagen de Grecia y Roma en el cine ha cambiado muchísimo. Hemos pasado de una percepción idealizada de la civilización clásica a las actuales producciones que tienen a gala dar una imagen más fiel, realista y a veces brutal del día a día. ¿Estamos más cerca de ver en pantalla cómo era la vida en la Antigüedad o nos intentan convencer con planteamientos de marketing?
Armand Assante como Ulises, en La Odisea
R: Efectivamente las producciones más antiguas muestran una Roma de cartón piedra pulcra e impoluta, mientras que producciones actuales como la serie Roma (HBO) nos han introducido en los lugares más sórdidos de la civilización clásica y hemos visto los bajos fondos y un foro bastante sucio. Es una reacción a la contra que desde mi punto de vista se ha llevado quizá al extremo en la serie Roma para captar espectadores. En ella vemos una Roma sórdida y llena de intriga y casi se olvida de dar su justo lugar a personajes de la talla de Cicerón. El diseño de producción de una Roma más real no ha ido emparejado, en mi opinión, con un guión bien trabajado en el que ha primado lo efectista, que es sin lugar a dudas lo que se buscaba.

La televisión nos ha acercado también a una Roma más real en las series Masada (1981) y Anno Domini (1985) donde los detalles de reconstrucción de ambientes pueden llegar a ser sorprendentes. En el caso de la teleserie La Odisea (1997) se ha cuidado con esmero la ambientación del mundo homérico (por ejemplo: el salón de Ulises está inspirado en el encontrado en el palacio de Néstor en Pilos), aunque con fallos y licencias.


P: En uno de sus libros dice que las producciones cinematográficas dicen más sobre la sociedad que las ha hecho que sobre la que pretenden representar. ¿Qué dicen sobre nosotros las películas de romanos, en especial las más actuales?
R: Si comparamos el Espartaco de Kubrick (1960) con la serie Espartaco: sangre y arena (2010) y sus secuelas, podemos ver claramente que las implicaciones sociales y religiosas del film protagonizado por Kirk Douglas, que eran importantes en el momendo de producción de la película, están ausentes en la reciente serie donde lo que impera es el mero entretenimiento. Otro ejemplo: en El león de Esparta, se presentaba la civilización griega como la defensora de la democracia frente al invasor persa que viene del este, interpretado en su contexto como el comunismo o también el imperio alemán de la II Guerra Mundial. Por su parte, en 300 algunos quieren ver el choque entre el mundo occidental representado por los griegos con el peligro del Islam con alusiones a la guerra de Irak. En mi opinión la interpetación política está más fundamentada en el caso de El león de Esparta que en el de 300. Y un último ejemplo: en Gladiator, el tipo de héroe y el hecho de que desee establecer de nuevo la república tienen más que ver con los conceptos norteamericanos actuales que con la antigua Roma. Además, el hecho de que triunfen 300, su segunda parte y productos similares, mientras que Alejandro Magno supuso un fracaso, nos indica que el público está siempre más preparado para digerir un entrenimiento con pocas complicaciones frente a otro que se salta en cierto modo las reglas más básicas del género.


P: Uno de sus últimos libros trata sobre la imagen de los héroes clásicos en la pantalla. ¿Son válidos hoy en día los valores que representaban esos héroes? ¿O han transmutado para llegar a los espectadores del siglo XX y XXI?
P: Precisamente el libro Héroes de Grecia y Roma en la pantalla cuenta en detalle la mutación que realizan estos héroes desde las fuentes clásicas hasta sus versiones cinematográficas. De todas formas, los héroes clásicos presentan arquetipos que han forjado la historia literaria y artística de nuestra cultura. Si uno quiere referirse a la ira incontrolada tiene por fuerza que citar a Aquiles. Cuando uno desea expresar la nostalgia del hogar y el ansiado regreso a la patria, no tiene más remedio que acudir a Ulises. Para defender la patria hasta el extremo puede mirarse en el ejemplo de Héctor o en el de Leónidas, y todos los que luchan por una causa liberadora cuentan con la figura de Espartaco. Los nacionalismos acuden a Vercingétorix o a los menos conocidos Arminio, Decébalo y Corocotta. La búsqueda de cualquier tesoro está unida a la gesta de Jasón y los argonautas, y los superhéroes modernos tienen su precedente en los míticos Hércules, Teseo y Perseo, héroes civilizadores en su lucha contra los monstruos.

HISTORIA, CINE Y EDUCACIÓN

Primera regla para evitar úlceras durante las proyecciones: las películas históricas, como el resto de las producciones cinematográficas, son productos de entretenimiento no clases de Historia. Para envolverse de un aura de seriedad, suelen contar con uno o varios asesores históricos que, indefectiblemente, acaban renegando de la "criatura" al ver ignorados sus consejos. Compranden, antes o después, que lo que prima no es acudir a las fuentes clásicas sino beber de películas previas que tuvieron éxito.

Asumida esta premisa, diversos profesionales del mundo académico anglosajón empezaron a reflexionar en la década de los 70 sobre la importancia del 'cine de romanos'. A día de hoy, autores estadounidenses como Martin M. Winkler son mundialmente conocidos por editar estudios sobre películas como Gladiator, Troya o Espartaco. Este trabajo fue el punto de partida los profesores e investigadores españoles que en los años 90 cambiaron la percepción del cine de temática histórica y sentaron las bases del desembarco del estudio de esta materia en varias universidades y centros de estudios. Una de las figuras más emblemáticas en este campo es Pedro Luis Cano, cuyo libro El cine de romanos. Apuntes sobre la Tradición cinematográfica y televisiva del Mundo Clásico es un referente.

Hoy existen varios cursos monográficos y de doctorado sobre el cine y la Historia. Además, se constituyeron diversas iniciativas como el Centre d'Investigacions Film-Historia (Universidad de Barcelona) con líneas de actuación a diversas etapas históricas, entre ellas la Antigüedad. En la Universidad Autónoma de Barcelona también es destacable la labor de Alberto Prieto. En el País Vasco, la revista Veleya publicó recientemente un anejo titulado El cine de romanos en el siglo XXI. Por su parte, cabe mencionar también el trabajo de Óscar Lapeña (Universidad de Cádiz).

En la Enseñanza Media el uso de materiales audiovisuales siempre estuvo muy extendido. La obra de Fernando Lillo ha dado a estas prácticas una visibilidad de la que carecían, pero una prueba de su vitalidad es el número de recursos que elaboran y comparten en Internet los profesores de instituto. Poco a poco, los representantes españoles han ido haciéndose un hueco en el panorama internacional. Así, el propio Lillo participó en el libro Hellas on screen, editado en Alemania en 2011 con colaboraciones de profesores de varios países.

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