martes, 12 de noviembre de 2013

Narciso Santos Yanguas: "A los trabajadores de las minas de oro se les abría probablemente la puerta a la ciudadanía romana"

Narciso Santos Yanguas, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo, es uno de los mayores conocedores de la cultura castreña en la Cornisa Cantábrica y de su inclusión en el Imperio Romano. En los últimos años ha desarrollado la tesis de que, si bien la conquista de este territorio exigió una década de combates esporádicos que doblegaron la belicosidad de los pueblos del norte, la romanización se realizó por el acuartelamiento en la zona de pequeñas unidades militares. Según esta postura, la actividad de las legiones se dirigió a garantizar el control de puntos estratégicos (minas y tierras fértiles), mientras que el resto se dejó bajo el dominio de élites locales afines a Roma. Hablamos con él sobre la motivación y las formas de la anexión del norte peninsular por parte de Roma.

P: ¿Cómo se produce la expansión de Roma hacia el norte peninsular?
R: Yo entiendo que no fue verticalmente hacia el mar, sino horizontalmente en una línea de costa y otra de montaña. El control de la franja de montaña, que va desde la línea de cumbres de la Cordillera Cantábrica hacia la zona de León, se puede ver en una serie de campamentos a gran altura, en torno a los 1.000 metros. No tenían por qué albergar legiones enteras, sino que podían ser cohortes o alas, unidades de unos 500 efectivos. Por su parte, el grueso de la Legión X Gémina sí estuvo acuartelada probablemente en Astorga durante la guerra, desde donde controlaba a los astures que habitaban desde la montaña hacia la parte de León.

Los astures que habitaban al otro lado de la montaña se controlaban desde el mar, por parte de la escuadra del Cantábrico, que ya había participado con César en la campaña de Galicia y cuya existencia se atestigua en las Aras Sestianas, que aparecen en la Campa Torres, junto a Gijón. Esta escuadra controlaría una franja de unos 20 kilómetros de tierra hacia el interior. Lo que quedaba fuera de estas zonas se dejaba a su libre albedrío, como la zona central y oriental de Asturias. La mayoría de las inscripciones se han encontrado en la zona costera y en el occidente de Asturias, en relación con las minas.

La única excepción a este despliegue era la Vía de la Carisa, en torno a la cual se han hallado una serie de inscripciones: la dedicada al dios Júpiter (concejo de Lena); la de Lucio Corona Severo, soldado de la Legión VII Gémina; la del comandante de la Legión III Augusta, Gayo Sulpicio Úrsulo (Ujo, dentro del concejo de Mieres); la de Gayo Sulpicio Africano, hijo del anterior, dedicada a un dios de la zona...

P: ¿Las minas eran el objetivo prioritario de Roma? ¿Qué importancia tenía la pacificación de la zona, frente al continuo hostigamiento de los pueblos del norte?
R: La campaña cierra la conquista del Noroeste peninsular, de ese territorio delimitado por el Océano Atlántico y el Mar Cantábrico, como paso previo a la reorganización administrativa. Augusto tiene en mente este objetivo, pero es obvio que también pesaban los fines económicos de las riquezas mineras.

La romanización, a mi modo de ver, obedece a una triple A: anexión, administración y aprovechamiento de los recursos económicos. Ese es el proceso de romanización que se da con César en las Galias y que Augusto reproduce en Hispania también. César introdujo a los galos como tropas auxiliares, algunas de las cuales estuvieron presentes en la campaña del Noroeste peninsular, como la Cohorte IIII de los galos. Aquí se produjo un fenómeno similar incluso durante el transcurso de la guerra, en la que sabemos que al lado de los romanos combatió una unidad de guigurros, unos astures que habitaban en la zona entre León y Orense. El Forum Guigurrorum es el actual Barco de Valdeorras. El famoso Bronce del Bierzo concede a los gigurros una serie de prerrogativas, como que no pagasen impuestos a dos poblaciones vecinas, en premio a su comportamiento durante la guerra.

P: ¿Cómo se llevó a cabo la romanización de la cornisa cantábrica?
R: El hallazgo de inscripciones en las zonas mineras de Cangas de Narcea, Pola de Allande, Tineo es muy revelador. Pero, sobre todo, el hallazgo de las dedicatorias a los lares viales -las divinidades protectoras no solo de los caminos, sino también del comercio y la minería- nos está indicando que el aprovechamiento de los recursos se realizó gracias a la articulación de tres elementos: vías de comunicación, centros de hábitat (castros) y centros de aprovechamiento minero. En este sentido, el trazado de las vías está orientado a que la mano de obra, que habitaba en los castros, pudiese ir a trabajar a las minas. Esto no invalida que se construyesen otros tipos de residencias de madera de tipo temporal para albergar a los trabajadores en la etapa estacional de explotación, así como los utensilios de trabajo.

P: ¿Cuáles fueron los principales centros de romanización?
R: La asimilación de la cultura romana difiere según la zona. Podemos hablar de un área muy romanizada a lo largo de la costa. Existieron numerosos centros urbanos en la actual Asturias, algunos de ellos aún por localizar. Sabemos que hubo un centro en Gijón, en la península de Somadevilla, llamado entonces Gigia; en Lucus Asturum dentro de la línea de costa, la capital de los astures; otro centro en la desembocadura del Nalón, que era el río más importante de la zona.

Con todo, el contacto con los conquistadores fue más intenso en los centros económicos. En relación con las minas, tenemos la civitas de los pésicos, mientras que en la zona oriental estaban las civitates de los latinienses -aún sin identificar- y de los organomescos, próxima a la costa también. En estos centros no tendría que haber necesariamente grandes edificios públicos, sino que simplemente podían servir para articular el territorio circundante en sus aspectos económicos, políticos, sociales e incluso religiosos.

En resumen, la romanización se produce en relación con el litoral y es más intensa en el occidente debido a la actividad minera.

P: La existencia de campamentos de trabajo temporales en las cercanías de las minas, ¿no cree que resta fuerza al tendido de costosas vías entre los castros y los centros de explotación, ya que su uso sería entonces bastante restringido? R: No se trata de amplias y costosas vías de comunicación entre los recintos de habitat (castros) y las minas sino de caminos habilitados para facilitar el acceso diario de hombres y animales. Las explotaciones serían temporales y, por ello, muchos regresarían durante los meses de invierno a sus lugares de origen.


Panorámica de las minas de Las Médulas (León)

P: Las últimas investigaciones apuntan a que la mano de obra de las minas y de los prata que avituallaban a las legiones procedía de las comunidades locales prerromanas. ¿En qué evidencias arqueológicas se sustentan estas teorías? ¿Cuál sería el régimen jurídico de estos trabajadores?
R: Evidencias arqueológicas no existen hasta la fecha, pero, dado el sentido práctico de los romanos, lo lógico sería recurrir a la fuerza de trabajo indígena más próxima, al igual que habían echado mano en los siglos anteriores de estos astures para formar parte de las unidades de tropas auxiliares.

Su régimen jurídico sería posiblemente el de personas libres sin derechos, abriéndoseles la posibilidad de lograr tales derechos, al igual que sucedía con los auxiliares tras el desempeño de su servicio militar, después de haber prestado su fuerza de trabajo durante varias campañas en las actividades mineras.

P: El hallazgo de un posible campamento romano de grandes dimensiones en Negreira (A Coruña), que parece reforzar un eje norte-sur de penetración romana, ¿socava las tesis de despliegue horizontal que usted defiende? R: En modo alguno, pues en ciertos enclaves estarían acampadas unidades militares amplias para el control estratégico del espacio dominado por Roma. Además, el caso de Asturias es diferente, pues la franja territorial que se extiende entre la cordillera y el mar Cantábrico se encuentra mucho más comprimida.

Por otro lado, en los próximos años se irán descubriendo, como en Moyapán (sierra de Carondio, concejo asturiano de Allande) campamentos de dimensiones no muy amplias, que acogerían a destacamentos militares formados por apenas unas docenas de soldados, cuya misión estribaría en dirigir y controlar las explotaciones de los recursos auríferos.

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